De manera coloquial, entendemos por dieta el conjunto de alimentos que una especie o un individuo consume de forma habitual.

Si nos centramos en la vida de nuestras mascotas, cuando éstas envejecen o enferman el funcionamiento de sus órganos puede verse alterado, por lo que deben seguir un determinado tipo de alimentación que tenga por objetivo frenar o retrasar este deterioro, y evitar enfermedades gastrointestinales. Además de ciertos fármacos o medicamentos que puedan necesitar, en el caso de las enfermedades gastrointestinales o enfermedades que puedan tener repercusión en el sistema digestivo (ej. Ciertas enfermedades endocrinas), pueden emplearse productos alimenticios de prescripción previa, también conocido bajo el concepto de ‘dieta veterinaria’ que constituyen un importante apoyo al tratamiento con medicamentos o, incluso a veces, el único tratamiento.

Es decir, una dieta veterinaria o con prescripción veterinaria es aquella que está formulada para tratar una enfermedad específica. Muchas de estas dietas veterinarias deben ser temporales ya que no serán nutricionalmente completas para servir como una dieta de mantenimiento. Son recetadas porque dependerá del veterinario decidir qué tipo de dieta de prescripción necesitará tu mascota y por cuánto tiempo debe ser alimentado con dicha dieta.

Básicamente, se usa como parte del tratamiento o, incluso, como la única vía de tratamiento posible, siendo necesarias para la curación completa de nuestro animal, ya que si no le atendiéramos con este tipo de dieta bajo prescripción es posible que nuestra mascota no consiguiera recuperarse de las afecciones que presenta o que sus órganos no pudieran recobrar su funcionalidad.

Por todo lo comentado, las dietas de prescripción veterinaria suponen un apoyo al fármaco que se administra al animal por lo que hay que tener claro que dichas dietas no contienen fármacos y que por tanto no son dietas medicadas. Son, simplemente, alimentos con características nutricionales diferentes a las requeridas por los animales sanos, adaptadas al tipo de patología que padece el animal.

En general, existe un alimento para mascotas con prescripción para casi todas las afecciones que pueda imaginar, desde afecciones más ‘’leves’’ como problemas en la piel o estómago sensible, hasta problemas médicos graves, como enfermedad renal o cáncer. Tanto es así que en los últimos años el número de dietas de prescripción veterinaria en el mercado han aumentado de manera muy notable.

Existen otros aspectos que también debemos tener en consideración, como por ejemplo que los animales enfermos pueden presentar diversos grados de anorexia o falta de apetito, e incluso aversión por ciertos alimentos, como puede darse el caso con algunas enfermedades como las hepáticas, renales o gastrointestinales. Por ello, es muy importante el seguimiento y control de la dieta.

Otra cuestión importante es que los tratamientos siempre son individualizados, ya que ante una misma enfermedad las respuestas no son iguales en los diferentes pacientes. De ahí el estudio previo que tenemos que realizar a nuestro animal.

En el supuesto de que existan distintas patologías es posible que no siempre se disponga de una dieta que se considere ideal para todo. En esos casos, tendremos que priorizar, al menos inicialmente, en aquello que tenga mayor gravedad.

Por último, y no menos importante, es fundamental el seguimiento y control que se haga. Al fin y al cabo las dietas de prescripción son parte del tratamiento tras una evaluación clínica adecuada, basada en un reconocimiento físico y las pruebas complementarias que se consideren necesarias para cada caso, por lo que requieren igualmente seguimiento clínico, con controles periódicos y la consulta previa y durante su administración a nuestro veterinario.