La castración de un gato, conocida también como esterilización (castración y esterilización no son lo mismo, aunque se usen como algo equivalente), es una práctica habitual que tiene como principal objetivo evitar el nacimiento de camadas no deseadas, ya que ello prolonga y perpetúa el problema de los abandonos. Pero, además, también hay que tener en cuenta que la castración ayuda a prevenir patologías como tumores (mamarios, prostáticos, testiculares…) o alteraciones en el comportamiento de nuestro animal durante la época de celo.

La castración supone la extracción de los testículos en los machos y de los ovarios y el útero en las hembras (también pueden extraerse únicamente los ovarios, aunque conlleva más riesgos). De esta forma, no se presenta el celo y el animal no se reproduce. ¿Cuándo debemos hacerlo entonces?

Lo ideal es llevar a cabo la intervención antes del primer celo. Sin embargo, no todos los gatos maduran sexualmente en una fecha determinada, ya que factores como la luz del sol alteran el inicio de este período de fertilidad por lo que en épocas como verano el celo puede aparecer antes que cuando los días son más cortos.

Mientras, si nuestro gato es adulto y se encuentra sano podemos llevar a cabo la esterilización en cualquier momento. En caso contrario, tendrá que ser nuestro veterinario quien nos aconseje una fecha y será en estos casos, en gatos adultos con posibles patologías importantes, donde tendremos que valorar ventajas y desventajas de realizar la intervención.

La castración en un macho

La madurez sexual de un gato macho suele llegar entre los 7 y los 9 meses, aunque ya hemos comentado que la recomendación general es hacerlo incluso un poco antes, sobre los seis meses de vida, para evitar el desarrollo de los comportamientos asociados al celo. Importante, una vez realizada la operación los gatos maduros sexualmente pueden seguir siendo fértiles durante algunas semanas, algo que tenemos que tener en cuenta si convive con gatas sin esterilizar.

La castración en una hembra

No existen diferencias relevantes por lo que la recomendación de los seis meses también es aplicable para nuestra gata, a quien en la operación se le extraerá el útero y los ovarios, o sólo los ovarios. Será también nuestro veterinario quien nos aconseje.

En las hembras hay una relación directa entre el momento de la castración y el riesgo de posibles tumores en las mamas, que en un porcentaje muy elevado suelen ser malignos. Operando antes del primer celo, este riesgo se reduce considerablemente.

Después de la operación

El postoperatorio suele ser sencillo. Podremos irnos a casa con nuestro gato el mismo día de la operación, tras recuperarse de la anestesia. Tendremos que vigilar que la incisión cicatrice adecuadamente, siguiendo las instrucciones de desinfección de nuestro veterinario. Y durante unos días tendremos que administrarle medicación de antibióticos y analgésicos. En caso de malestar general persistente, síntomas de dolor o enrojecimiento, debemos acudir al veterinario.

Ventajas de llevar a cabo la operación

Ya hemos mencionado algunas de ellas pero es importante incidir. Lo más importante es que evita embarazos no deseados. Además, reduce la probabilidad de sufrir ciertas enfermedades, tanto en machos como en hembras, y comportamientos poco sociables. Es decir, vamos a contar con beneficios físicos y en el comportamiento para nuestro gato. Por ejemplo, en cuanto al comportamiento, en machos conseguiremos reducir la probabilidad de que orine donde no debe o que presente otras actitudes territoriales, como peleas con otros gatos. Y en las hembras la castración hará reducir el interés en los machos disminuyendo así comportamientos muy afectivos o agresivos.