El ronroneo de los gatos lleva muchos años siendo objeto de estudio por expertos de diversos campos. Y si hay algo en lo que todos coinciden, es que este sonido es mucho más complejo de lo que parece, y les sirve para expresar muchos más mensajes y matices que la pura felicidad.

El ronroneo lo utilizan no solo para comunicarse con otros, sino también para autorregularse ellos mismos para sanar o tratar alguna emoción negativa como el miedo o la tristeza.

Algunos expertos indican que las vibraciones que produce el ronroneo, por el tipo de frecuencias que emiten, tienen un efecto terapéutico para estimular el desarrollo de los huesos y músculos del gato durante su crecimiento.

Un gato dominante ronronea para transmitirle confianza a otro gato cercano que se siente inseguro o amenazado.

Hay quien opina que el ronroneo de un gato es como la sonrisa que te dedicas a ti mismo/a en el espejo, para confirmarte con satisfacción que todo va bien… Es el llamado ronroneo del bienestar, ese que tu gato produce cuando se dice a sí mismo “¡uhmm, qué a gusto estoy aquí!”.

También sirve para transmitirte agradecimiento cuando le acaricias y de paso, para pedirte que sigas dándole mimos un ratito más. Otro ronroneo de agradecimiento es el que se dedican dos gatos que se lamen mutuamente para limpiarse, o un cachorro para agradecerle a su madre que lo esté amamantando…

Está también el ronroneo para controlar y aliviar el dolor, que es el que emiten las gatas cuando están pariendo; el mismo, o muy parecido, lo utilizan para guiar a sus crías recién nacidas: con el ronroneo consiguen guiarlas hasta sus pezones y que empiecen a alimentarse…

En definitiva, el ronroneo les sirve a los gatos para transmitirse emociones a sí mismos y también a los humanos y animales de su entorno: felicidad, demanda de mimos, percepción de amenaza, autorregulación del miedo o del dolor, agradecimiento, amor a sus crías e incluso despedida de la vida cuando mueren. La emisión de los sonidos del ronroneo tienen un efecto muy positivo en ellos mismos, en sus compañeros o crías y también en los propios humanos, produciendo sensación de tranquilidad y bienestar.