Suele ser habitual escuchar expresiones del tipo “es normal que muerda, los gatos juegan así” o “muerden porque es su forma de desestresarse”. Seguro que a muchos nos ha pasado el estar jugando con nuestro gato, pasarle la mano por el hocico y llevarnos algún que otro mordisco.

Pero, ¿es normal o no que un gato muerda?

Es cierto que el gato es un animal cazador, pero como animal doméstico que es también tiene que relacionarse de una manera normal con las personas, por lo que será también tarea nuestra educarlo para enseñarle algunas normas y límites. Y que no muerda debe de ser uno de ellos.

Si nuestro gato no está cómodo lo sabremos porque emitirá señales como mover la punta del rabo, rotar las orejas, fruncir el ceño… Si las omitimos, puede que se retire unos centímetros de nosotros, nos aparte con la pata, nos gruña, y a veces no le quedará otra opción que ser más explícito, como mordiendo.

Que nos muerda también puede ser posibilidad de que le duela algo o que esté inquieto, lo cual debería evaluar un veterinario. Y puede morder, además, porque se asuste o entre en conflicto con algo externo, como otros animales o algún tipo de ruido. En todo caso, cada gato y cada situación es un mundo y es importante evaluarlo para llegar a un diagnóstico fiable.

La única manera de diferenciar un problema de salud de uno de conducta es por medio de una revisión veterinaria. Si se descarta cualquier causa orgánica, podremos descubrir qué es lo que le puede estar pasando para que se comporte así.

Además, dentro del mundo felino hay gatos con diferentes personalidades y caracteres. Los hay más mimosos o más independientes. Podemos encontrarnos unos que aceptan de buena manera las caricias y otros que huyen. Por eso es importante entender el lenguaje de los gatos a la hora de entender determinadas actitudes.

Los mordiscos son parte de la naturaleza de los felinos por distintos motivos

Puede ser el miedo al hacerlo como defensa, puede deberse a un factor genético y puede deberse a problemas de socialización cuando tienen pocos meses. Este último motivo es muy revelador, ya que el hecho de que se separen a gatos muy pequeños de su madre supone que no han jugado lo suficiente con ellos y que no han aprendido los límites de morder.

Otro motivo puede ser que no les guste lo que estamos haciendo. En cuanto a las caricias que antes mencionamos, hay muchas zonas que los gatos odian que les acaricien, como puede ser la barriga. Aunque se tumbe sobre su lomo y deja su abdomen al descubierto, en realidad es una forma de saludarnos o mostrarnos su comodidad, pero sin requerir una caricia, por lo que morder, en este caso, es una señal de aviso de que algo le está incomodando.

De esta forma, cuando un gato nos muerde para advertirnos de que algo no le gusta o le incomoda, lo mejor es dejar de molestarle. Por ejemplo, si le vemos que tiene las orejas hacia atrás, la cola elevada y se ve incómodo, es mejor parar nuestra acción. En ocasiones nos pondrá la pata en la mano o nos dará un leve zarpazo para que lo entendamos.

Si por lo contrario, nos muerde sin que estemos haciendo nada, sin algún motivo aparente, tenemos que soltar la mano, el brazo o la pierna con firmeza mientras decimos «no». Ojo, no llegar a pegarles, eso nunca es una opción ya que podría generar otro ataque y empezará a tenernos miedo.